Y mirando aquella estrella reluciente, la que sobresalía sobre todas las demás estrellas, se preguntó porque se había fijado en la estrella más brillante y reluciente, pero no encontró una respuesta perfecta para aquella enigmática pregunta.
Y pasaron los días y veía a aquella estrella reluciente, que poco a poco iba dejando de relucir, de brillar, hasta el punto en el que la estrella dejó de relucir, porque apareció otra más reluciente, mejor, y que hizo que su corazón volviese a latir muy muy rápido.
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