A veces , es necesario dejar que las cosas sigan su camino, dejar que el destino decida como será nuestra vida, como será nuestro primer beso, nuestro primer abrazo, nuestra primera lágrima e incluso que decida como será nuestra futura sonrisa.
Poco a poco creceremos y caeremos en la cuenta de que para ser felices no hay que tener todo el oro del mundo, si no una que basta con una simple gotita de felicidad.
El destino es capaz de dar golpes muy duros, pero creo, que le resultará más fácil enseñarnos a conseguir una gotita de felicidad.
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